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¿Por qué FIFA autorizó algunos Fan Fest y rechazó otros? Lo que aprendí intentando obtener una licencia de Visualización Pública

Fan Fest de fútbol con pantalla gigante y asistentes reunidos para vivir la experiencia del Mundial 2026 en un espacio público de visualización colectiva.

¿Por qué FIFA autorizó algunos Fan Fest y rechazó otros? Lo que aprendí intentando obtener una licencia de Visualización Pública

A mediados de 2025 me encontraba trabajando en la producción de la segunda temporada de La People’s League Caliente. Ese proyecto amplió significativamente mi perspectiva sobre la dimensión que tiene el fútbol dentro del ecosistema del entretenimiento.

Al mismo tiempo comenzaban a multiplicarse las noticias relacionadas con el Mundial 2026: boletos, reventa, sedes, patrocinadores y expectativas alrededor de un evento que regresaría a México por tercera ocasión.

Mi razonamiento parecía lógico.

Si millones de personas no podrían asistir a los estadios, inevitablemente surgiría una enorme demanda por espacios alternativos donde vivir la experiencia mundialista. Los Fan Fest parecían ser parte natural de la respuesta.

Desde mi experiencia profesional en propiedad intelectual y entretenimiento asumí que, más temprano que tarde, la FIFA o su socio de transmisión (Televisa) darían a conocer las reglas para operar este tipo de proyectos.

Mi error fue pensar que eso ocurriría con suficiente anticipación.

En aquel momento la idea parecía relativamente sencilla: identificar una sede, conseguir patrocinadores alineados a los valores de la FIFA, obtener las autorizaciones necesarias y construir una experiencia atractiva para aficionados que quisieran reunirse a ver la inauguración, los partidos y la clausura.

Sin embargo, conforme avanzó el proceso descubrí que la verdadera complejidad no estaba en la sede, en la pantalla o en los patrocinadores.

La verdadera complejidad estaba en la diferencia entre los tiempos de la FIFA y los tiempos del mercado.

Fue ahí cuando entendí por qué algunos Fan Fest lograrían consolidarse mientras otros no. Lamentablemente, los míos no lo lograron.

Con el tiempo entendí que valía la pena documentar la experiencia. No porque tenga respuestas definitivas, sino porque quizá pueda ayudar a quienes intenten recorrer el mismo camino rumbo al Mundial de 2030.

Ese es el motivo por el que escribo estas líneas. No para discutir si el modelo de licenciamiento es correcto o incorrecto, ni para explicar su teoría jurídica. Simplemente para compartir los errores, aprendizajes y preguntas que me dejó el proceso.

También es importante aclarar que las licencias de Visualización Pública para operar un Fan Fest son muy distintas de las autorizaciones que requieren restaurantes, bares u otros establecimientos para transmitir partidos dentro de sus negocios. Son actividades diferentes, con objetivos distintos y reglas propias.

Lo que sigue no es una crítica a la FIFA. Es la experiencia de alguien que intentó participar en este negocio y descubrió que, en ocasiones, la anticipación puede ser tan importante como la propia ejecución.

El negocio llegó tarde

Durante los meses siguientes escribí a la FIFA preguntando cuándo se publicarían las reglas para solicitar licencias de Visualización Pública.

La respuesta, palabras más, palabras menos, siempre era la misma: había que esperar al último tercio del año.

Mientras tanto, quienes intentábamos construir proyectos seguíamos haciendo cálculos, buscando sedes, hablando con patrocinadores y tratando de anticipar escenarios sin conocer todavía las reglas del juego, pero guardando cautela de no asumir obligaciones contractuales sin claridad.

Sí, lo admito, a veces los abogados y nuestro exceso de cautela juegan en contra del negocio del entretenimiento.

Cuando finalmente se abrió el sistema el 12 de diciembre de 2025 para presentar solicitudes, todavía faltaban alrededor de seis meses para el Mundial. Sobre el papel parecía tiempo suficiente. En la práctica no lo era.

Quienes trabajamos en entretenimiento, publicidad y eventos sabemos que los grandes presupuestos, los patrocinadores y las alianzas estratégicas suelen definirse muchos meses antes, en ocasiones más de un año. Para entonces, buena parte del mercado ya había tomado decisiones importantes.

Lo paradójico era que, mientras las reglas seguían sin estar claras, la FIFA parecía esperar proyectos maduros: patrocinadores identificados, modelos de negocio definidos y estructuras operativas sólidas.

Durante meses pensé como abogado. Me preocupaban los contratos, las autorizaciones, los derechos y las restricciones de marca. Lo que descubrí fue que, mientras analizaba los aspectos jurídicos, el mercado ya estaba cerrando espacios, patrocinadores y alianzas.

El problema nunca fue jurídico. El problema era que llegué tarde a una conversación comercial que ya había comenzado varios meses atrás.

Por eso, si tuviera que dejar un consejo para quienes piensen en proyectos similares rumbo al Mundial de 2030, sería éste: no esperen a que aparezcan las reglas para empezar a trabajar. Cuando las reglas lleguen, probablemente el mercado ya llevará meses moviéndose.

Lo que FIFA realmente quería saber

Cuando finalmente recibimos respuesta el 13 de febrero de 2026, a la primera de las solicitudes que presentamos el 16 de diciembre de 2025, la retroalimentación fue clara.

La FIFA no comenzó preguntando por contratos, autorizaciones o aspectos jurídicos. Sus preguntas giraban alrededor de los patrocinadores, las activaciones comerciales, las marcas, los alimentos y bebidas, y las formas de monetización. En otras palabras, quería entender quién participaría comercialmente en el evento y cómo se construiría la experiencia alrededor de la transmisión.

Y siendo honestos, eso no me sorprendió. El Mundial no es solamente un evento deportivo; es una de las plataformas comerciales más valiosas del planeta. Sería ingenuo pensar que proyectos de esta magnitud se analizan únicamente desde la perspectiva deportiva.

Eso me llevó a preguntarme si un proceso más temprano habría facilitado la construcción de proyectos más sólidos. Después de todo, una pantalla puede conseguirse relativamente rápido. Un patrocinador relevante, una alianza estratégica o una propuesta comercial sólida suelen tomar meses.

La licencia no implica asociarse con la FIFA

La organización fue particularmente cuidadosa respecto al uso de marcas, logotipos, denominaciones oficiales y demás activos asociados a la Copa Mundial. La instrucción era sencilla: utilizar una identidad propia y evitar cualquier impresión de asociación oficial con la FIFA, salvo autorización expresa.

Puede parecer una precisión menor, pero no lo es. Muchas personas asumen que una licencia de Visualización Pública permite utilizar comercialmente la identidad de la FIFA. No es así. La autorización para transmitir los partidos y el derecho para explotar las marcas de la FIFA son cosas distintas.

Y esa diferencia tiene implicaciones importantes. Una cosa es invitar patrocinadores a participar en un evento relacionado con el Mundial y otra muy distinta hacerlo sin poder utilizar buena parte de los elementos visuales y denominaciones que el público asocia con la competición.

Por eso, quienes desarrollen este tipo de proyectos deben con anticipación, construir una identidad propia y ser muy claros con sus patrocinadores desde el principio. La licencia no convierte al organizador en socio, afiliado o representante de la FIFA, ni permite presentar el evento como una actividad oficial del torneo.

Entender esta diferencia desde el inicio evita conversaciones equivocadas, expectativas irreales y mucho tiempo perdido.

La licencia era apenas el comienzo

Conforme se anunciaron los primeros Fan Fest oficiales entendí algo que no había considerado al inicio. Obtener una licencia no era el reto principal. El verdadero reto era competir.

En México, el propio Gobierno Federal y la Ciudad de México anunciaron múltiples espacios públicos gratuitos para vivir la experiencia mundialista, incluyendo sedes tan emblemáticas como el Zócalo. Y la pregunta era inevitable: ¿cómo compites con eso?

Si alguien pretende desarrollar un Fan Fest privado debe asumir desde el primer día que competirá por la atención del público no sólo contra proyectos gubernamentales, sino también contra grandes empresas de entretenimiento que llevan años organizando festivales, conciertos y eventos masivos.

Fue entonces cuando entendí que la pregunta correcta no era únicamente cómo obtener una licencia. La pregunta era qué podía ofrecer que los demás no estuvieran ofreciendo.

Al final, la gente siempre buscará lugares para vivir el Mundial en compañía, por lo que, el verdadero desafío consiste en encontrar un espacio propio dentro de un mercado donde todos compiten por la misma atención.

Conclusiones

Cuando inicié este proyecto pensaba que el reto consistía en obtener una licencia.

Meses después entendí que estaba viendo el problema desde el lugar equivocado.

La licencia era solamente una pieza de un ecosistema mucho más grande.

El verdadero reto era construir con suficiente anticipación un proyecto capaz de atraer patrocinadores, asegurar una sede competitiva, desarrollar una identidad propia y llegar al mercado antes de que los espacios más valiosos estuvieran ocupados.

Yo no llegué a tiempo. Y probablemente ese fue el aprendizaje más valioso de todo el proceso.

Si algún día participo nuevamente en un proyecto similar, o si alguien lee estas líneas pensando en el Mundial de 2030, empezaría a trabajar mucho antes de que aparezcan las reglas.

Porque para cuando las reglas llegan, el negocio ya comenzó, y casi terminó.

Referencias y fuentes consultadas

  • Reglamento FIFA para eventos de visualización pública.
  • Plataforma FIFA Public Viewing.
  • FIFA Fan Festival 2026.
  • Comunicaciones sostenidas con el equipo de Public Viewing de FIFA durante el proceso de solicitud.
  • Información pública relacionada con festivales oficiales y eventos de visualización del Mundial 2026.

Alan_García

Fundador de LEGENT | Abogado en entretenimiento Abogado especializado en la industria del entretenimiento en México. Asesora proyectos audiovisuales, talento, productoras y empresas creativas en la estructuración legal de sus operaciones, contratación y protección de activos

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